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March 30th, 2017

innesa lover

¿Por qué están desapareciendo las series de instituto de la televisión española?

A excepción de propuestas como 'Merlí' —la serie de TV3 sobre la vida de un controvertido profesor de filosofía y sus alumnos—, la industria televisiva está eliminando de su programación las ficciones sobre (y para) adolescentes, dejando así una falta de representación de la generación Z en la pequeña pantalla.

Con tan solo trece años, empecé a disfrutar de la jornada continua en el colegio. Al acabar mi última clase del día, corría los escasos quinientos metros de distancia hasta mi casa para comer cualquier cosa mientras veía lo que se había convertido en una obsesión durante ese mismo verano. Se llamaba Al salir de clase y era la serie que tenías que ver si querías saber de qué hablar al día siguiente en el recreo.

Siendo, como era, un chaval de barrio, esa ropa, esos pasillos y toda esa irrealidad que siempre se ha dado en las series para adolescentes me parecían un mundo ideal; el lugar en el que yo sí quería estudiar. Así pasaba con Compañeros y así pasaba con Nada es para siempre. Y no, a pesar de estudiar en un colegio normal, nunca vi a la policía entrar, ninguna compañera se quedó embarazada y no había nadie que trapicheara con porros en los pasillos.

Esa ficción —porque era eso muy por encima de la realidad— fue la que crió a toda una generación de adolescentes que miraban ensimismados esos seriales grabados y guionizados, como los auténticos culebrones que veían sus madres unas horas después. La única diferencia es que, en ellos, los personajes no pasaban de los 18 (o eso querían hacernos creer). Los telenovelas eran lo peor, pero estas series mostraban a todos los chicos y chicas que había un mundo más allá de las rectas y aburridas paredes de los colegios de finales de los 90 y principios de los 2000.

Al salir de clase cumple ahora veinte años y ha sido cantera de actores como Elsa Pataky o Pilar López de Ayala. Tras ella, llegaron después otras ficciones como SMS y, más adelante, el fenómeno adolescente dio lugar a series que ocupaban el 'prime time' y no se emitían a diario, como El Internado o El Barco. En estas propuestas, conocimos a cotizadas estrellas de la escena cinematográfica actual como Mario Casas o Blanca Suárez. Y, después, vino la nada.

El 21 de febrero de 2013 se emitía el último capítulo de El Barco, quizá la última serie repleta de ídolos "forracarpetas" y en la que la revolución hormonal era el hilo conductor (y eso que los protagonistas ya estaban "talluditos" para pasar por clases de refuerzo a las siete de la tarde). Nada más se supo después, al menos dentro de la ficción en España.

Honrosas excepciones ha hecho la televisión catalana con series como Merlí, que se emite en TV3 a modo de un El club de los poetas muertos contemporáneo y cuyo equipo se encuentra rodando su tercera temporada. La serie dio el salto del canal autonómico a La Sexta (e incluso ha sido comprada por Netflix para ser emitida a nivel internacional), pero no tuvo el eco requerido en la parrilla para aguantar lo suficiente como para enganchar a la audiencia, así que —fuera de Catalunya— prácticamente nadie la conoce.

Fotograma de 'Merlí'

Evidentemente, a estas alturas no se espera una serie con la repercusión que tuvo, por ejemplo, Sensación de vivir. Y nos referimos, efectivamente, a la versión original, y no al refrito que nos intentó colar Hollywood por la manía de sus ejecutivos de cine y de televisión de recuperar todo lo que triunfa en un formato siempre demasiado alejado del hoy y el ahora.

Quizá si ficciones como Física o Química hubieran llegado en este preciso momento hubieran triunfado, o quizá no. ¿Quién se imagina a las nuevas generaciones —que siguen por millones las andanzas de personajes anónimos en Youtube— esperando cada martes a que den las diez (o las once) de la noche para seguir las vidas de personas que saben que no son reales?

A pesar de que ahora tengamos todos los programas y series a la carta, la inmediatez es algo contra lo que la televisión no puede luchar y, además, la paciencia es algo que a los que ya no somos tan jóvenes se nos terminó hace mucho tiempo (así que imagino que los prepúberes vendrán sin ella de serie). Ni las plataformas de vídeo bajo demanda ni las cadenas generalistas ofrecen contenidos para esa franja —que a día de hoy abarca desde los 12 a los 16 aproximadamente—, y si pensamos en títulos que sí, seguramente estén orientados a un público de mayor edad.

Girls no es una serie adolescente; Please Like Me tampoco, y esos son los dos primeros ejemplos de series para jóvenes que vienen a la mente (y ni siquiera son españolas). Sin embargo, no son para los muy jóvenes; ni siquiera para los que últimamente se han denominado 'young adults' y entre los que en su día triunfaron productos como la saga Crepúsculo o Divergente.

El consumo de entretenimiento ha cambiado tanto como lo ha hecho la sociedad en los últimos años y, los que eran ídolos adolescentes hace tan solo cinco años, ahora peinan canas y son cazados por las calles paseando carritos de bebé.

Y es que no ya existen tantas series teen, como tampoco existen series sobre familias como las que ocupaban también las horas de máxima audiencia hace algunos años y que sí podían dar cabida a personajes en edades como la que nos ocupa. Quizá sea cuestión de Youtube, o quizá tengan razón aquellos que hace algunos años comentaban que Internet acabaría con nuestra capacidad de concentración, pero la realidad es que las series adolescentes que muchos disfrutamos en nuestros tan idealizados años, ya no están en España (ni parece que vayan a llegar). Por tanto, ¿en qué lugar deja esto a la generación Z en lo que respecta al mundo de la ficción en nuestro país?